Este año, Pavo de Acción de Gracias ‘a la española’

La empresa palentina Cascajares y el chef asturiano José Andrés comercializarán en Europa y Estados Unidos un pavo relleno 'Thanksgiving', listo para consumir y con todas sus guarniciones.

La gastronomía española sigue traspasando fronteras. De la mano de la empresa palentina Cascajares y el chef asturiano José Andrés, esta vez el nuevo reto es convertirse en protagonista de una de las tradiciones más representativas de la cultura estadounidense, el Día de Acción de Gracias. El plato típico de esta fiesta, que se celebra este jueves 22 de noviembre, seguirá siendo el pavo asado, relleno de stuffing, gravy y salsa de arándanos, aunque en esta ocasión su ADN será español.

El proyecto, que ve la luz tras dos años de trabajo conjunto entre la compañía de capones y el cocinero, ya se ha puesto en marcha en nuestro país. Desde hace unos días, la tienda online de Cascajares comercializa el pavo ‘Thanksgiving‘, listo para degustar y acompañado de todas sus guarniciones: puré de patata, puré de castaña, compota de manzana y salsa de arándanos. Es para diez comensales y cuesta 120 euros, de los que la empresa donará cuatro a la Fundación Prodis para financiar becas de estudio para jóvenes con discapacidad intelectual.

En una primera fase, la factoría de Dueñas (Palencia) ha anunciado que pondrá a la venta mil pavos asados, y en los próximos años pretende comercializar en Europa y Estados Unidos hasta 3.000 unidades (en 2013) y 9.000 (en 2014), a través de la fábrica que tiene implantada en Canadá. José Andrés será el encargado de promocionar este producto al otro lado del Atlántico y seguirá trabajando con Cascajares para crear nuevos puentes gastronómicos entre España y Estados Unidos. “Hemos traído el pavo aquí, ahora nos toca llevar algo allí, aunque todavía no puedo avanzar nada”, explica el responsable de Comunicación de Cascajares, Simón de Francisco Maiza.

El éxito de esta empresa de 74 empleados, fundada a principios de los noventa con un capital de 160.000 pesetas, no se debe únicamente a los acuerdos de colaboración con el prestigioso chef. Esta alianza surgió más tarde, mucho más tarde. Todo empezó con un capón entero enlatado y crestas de gallo confitadas en grasa de pato. Después llegaron los premios ‘Empresario del año de la provincia de Valladolid’ en 1998 y ‘Empresario del año de Castilla y León’. Pero lo que verdaderamente marcó un antes y un después en la vida de los fundadores de Cascajares, Alfonso Jiménez y Francisco Iglesias, fue la boda de los Príncipes de Asturias en 2004.

Desde que se anunció el compromiso a finales de 2003, Alfonso y Francisco se empeñaron en que los capones de Cascajares formaran parte del menú nupcial. Y lo consiguieron. La Casa Real sacó a concurso el banquete de la boda y ganó el restaurante Jockey, del que ya eran proveedores. “Alfonso cuenta que tuvo que hacer 29 viajes a Madrid, primero para convencer a Jockey y después a la Casa Real”, según relata Simón. En la última prueba del menú, en la que estaban los Príncipes, la Princesa se interesó por la obra social de la empresa, que siempre ha favorecido la integración de personas con discapacidad en su plantilla de trabajadores. “A Doña Leticia le gustó mucho la idea y Alfonso cree que eso ayudó a que nuestro capón estuviera en el banquete”.

Los días después de la boda, en Cascajares se dieron cuenta de que todo había cambiado: “Fue una locura. El lunes había más de quince personas en la puerta para comprar capones, los teléfonos no paraban de sonar. Eran personas que se iban a casar y querían el mismo capón que el de los Príncipes, o restaurantes de media España, que querían probarlo”. Ante tal avalancha de pedidos, la empresa incrementó su facturación un 50% en 2005, 2006 y 2007, tuvo que ampliar su red de distribuidores y construir una nueva fábrica.

Imagen de José Andrés trinchando el pavo.En esta nueva etapa, Alfonso Jiménez tenía claro que había que apostar por la internacionalización de la empresa. “Canadá es un país con muchísimas posibilidades y una puerta abierta al mercado americano. Además, el gobierno canadiense nos daba muchísimas facilidades”. Por todo ello, decidieron implantarse allí, donde construyeron su propia fábrica en 2011 y este año esperan facturar 1.200.000 dólares americanos. También cuentan con una oficina de exportación en París con la que están muy satisfechos.

La crisis les ha hecho “sufrir” en el mercado nacional, pero diversificando la oferta de productos y apostando por las exportaciones siguen creciendo. Y no se olvidan de la responsabilidad social. Además de su apuesta profesional por las personas con discapacidad, a través de la Fundación Cascajares han conseguido recaudar más de medio millón de euros, principalmente con las subastas anuales de capones vivos, que destinan a alguna organización con fines benéficos. Como reconocimiento a su labor solidaria, en 2007 el Príncipe de Asturias entregó a Alfonso el Accesit a la Responsabilidad Social Corporativa dentro del marco de los premios al mejor joven empresario de España.