Un pasaporte VIP para los restaurantes europeos

Los socios disfrutan de descuentos en restaurantes de España, Francia y UK, entre los que hay estrellas Michelín.

El club gastronómico Bon Appetit Card responde al perfil de empresa a contracorriente y su arrojo tiene mucho mérito. En época de vacas flacas para el sector de la restauración, han decidido apostar por los restaurantes y bares buscando nuevas  vías de comercialización más allá del escaparate del restaurante, creando estrategias de publicidad diferente y propiciando la fidelización de los clientes.

tarjeta gastronomica Bon AppetitSu apuesta es una tarjeta internacional con la que disfrutar de descuentos en una red de locales que ya se extiende por España, Francia y Reino Unido. “Buscamos fomentar la buena gastronomía, principalmente la mediterránea y francesa, y ayudar al sector”, describe la iniciativa su fundador, Peter Ayo Marpuri, madrileño de ascendencia afro-asiática y que lidera un equipo internacional.
Su funcionamiento es sencillo. El primer paso corresponde a los restaurantes que, tras afiliarse gratuitamente, se comprometen a realizar descuentos de hasta el 50% a los clientes que presenten la tarjeta Bon Appetit y un número de acompañantes. Los socios del club gastronómico, potenciales clientes de estos locales, la adquieren a través de la web con una cuota anual y pueden utilizarla en cualquiera de los tres países.

En España son pioneros, al contrario de lo que ocurre en Reino Unido, donde sí tienen competencia y hay un mercado creado. Sin embargo, las tarjetas similares que se comercializan en Inglaterra se limitan al territorio local y no benefician a los clientes con un perfil internacional. Fue a raíz de esta desventaja por lo que Marpuri, acostumbrado a los viajes de negocio, decidió aventurarse con el proyecto. Bon Appetit Card nació el pasado octubre y empezó a funcionar a pleno rendimiento en enero. Desde entonces, ha incorporado 140 restaurantes en UK, 320 en España y alrededor de treinta en la ciudad de París.

La elección de los países no ha sido aleatoria: “Los tres tienen un vínculo fuerte entre ellos, no sólo en logística, ya que es fácil desplazarse de uno a otro, sino por la disposición del transporte, como Ryanair o el Eurostar (tren que comunica París y Londres) que mueve casi 9.9 millones de pasajeros al año, o el turismo que comparten”. También están avanzando hacia el modelo de franquicia para entrar en otros mercados, como Alemania, donde esperan introducirse en 2014.

Su base central está en Londres porque la ‘city’ ofrece facilidades que no han encontrado en otras ciudades. Su censo de población de doce millones de habitantes la convierten en un mercado muy goloso y tiene una mayor sensibilidad hacia nuevos negocios de éxito: “Ahí, si eres bueno y tu idea vale se aprecia muchísimo”. Por el contrario, el fundador de la compañía lamenta que lanzar una empresa en la Península sea mucho más complicado: “En UK supone menos coste y tiempo; en España el papeleo, los impuestos elevados, etcétera, lo complican”. Además, el mercado anglosajón les permite tener más controlada a su competencia directa. “En España funcionamos como una idea innovadora y diferente porque no hay nada parecido. El inconveniente es que hay que educar, tanto al cliente como al restaurante, en este concepto porque no estamos acostumbrados”.

El futuro de la empresa pasa por incrementar el número de países, restaurantes y socios, crear alianzas con agencias de viajes y cruceros, desarrollar una nueva tarjeta express para turistas, u ofrecer más posibilidades de ocio además de la gastronómica. Por ahora, sus expectativas de crecimiento se cumplen ampliamente y, mientras cumplen sus primeros meses desafiando a un sector en crisis como el de la restauración, suman a su lista de afiliados restaurantes irresistibles como el Boo en Barcelona, propiedad de Santi Millán, o varias estrellas Michelín de la gastronomía española.